Cronologia: Segunda Parte
1949
Pedro Subercaseaux expones en la Sala Ramón Eyzaguirre. Alternando temas históricos, religiosos y patrióticos, en su mayor parte escenas de la Conquista, de la Independencia y de la resistencia mapuche.
Comienza a pintar los muros de la parroquia del Sagrado Corazón de Providencia.
23 de febrero de 1950
El Rvdo. Padre Pedro Subercaseaux manifestó que pronto terminará los trabajos de pintura en la Iglesia del Sagrado Corazón y que pensaba dedicarse de lleno inmediatamente a la pintura del gran cuadro mural que ocupará el testero principal del museo y que representará la batalla de Maipú, para lo cual, por encargo del Comité hace mas de dos años, tenía hecho el bosquejo y adquirida la tela. Creía que podía estar concluida para el 5 de abril del año próximo y manifestó la necesidad de poner los ventanales del Museo para evitar la humedad que podría dañar el cuadro.
(Trascripción acta igual fecha)
29 de marzo de 1950
Se dio cuenta de que el R.P. Pedro Subercaseaux, a quien se le encomendó hace dos años m/m, la pintura del cuadro mural del testero principal del museo histórico, está trabajando activamente en la ejecución de dicha obra de arte. Se comisionó al presidente Excmo. Señor Teodoro Eugenin, y al tesorero don Alfredo Baros (sic) Errázuriz, para que convinieran con el R.P. Subercaseaux, todo lo relativo a dicho cargo.
(Trascripción acta igual fecha)
12 de abril de 1950
El tesorero…ha convenido con el P. Subercaseaux,… (que el cuadro mural), tendrá una dimensión de 20 metros de largo por 3 (metros) de alto. Se aprobó unánimemente.
(Trascripción acta igual fecha)
8 de agosto de 1951
El Padre Subercaseaux está trabajando en la pintura del grandioso cuadro de la Batalla de Maipú y a fin de poderlo terminar para el 5 de abril del año próximo, pide se le autorice para contratar un ayudante pintor, porque el no puede subir las escaleras. Se acordó autorizar con dicho objeto la inversión de una alzada hasta de $ 4.000.-
(Trascripción acta igual fecha)
ANTECEDENTES HISTORICOS DEL MURAL, NOTAS SOBRE EL ARTISTA Y COLABORADORES: Pedro Subercaseaux Errázuriz 1880 1956, Miguel Venegas Cifuentes1907-1979,
Publicado por
Museo del Carmen de Maipú
ANTECEDENTES HISTORICOS DEL MURAL, NOTAS SOBRE EL ARTISTA Y COLABORADORES: Pedro Subercaseaux Errázuriz 1880 1956, Miguel Venegas Cifuentes1907-1979,
Por: Hernan Ogaz Basualdo; restaurador.
Cronología:Primera parte
16 de julio 1942.
Se decreta dar cumplimiento al Voto Nacional O´higgins con la construcción del actual Templo del Carmen de Maipú. En la comisión de arquitectura, como vocal, participa el R.P. Pedro Subercaseaux OSB.
Entre las especificaciones técnicas del edificio se contempla una Sala Museo Histórico.
“Con entrada independiente, se consultará una amplia sala destinada a exhibición permanente de reliquias y documentos relacionados con el Voto de Ohiggins, la vida de los héroes y la batalla realizada en esos campos”
16 de julio de 1943.
Acta de Fundación Pro Voto Nacional O¨higgins – Templo del carmen – Maipú.
10 de octubre de 1945
Se autorizó al Exmo. Señor Obispo, Monseñor Eugenin, para que pidiera al artista R.P. Pedro Subercaseaux, la confección del cuadro principal que presidirá el Museo, y que será la imagen de la Virgen del Carmen teniendo a un lado al general O¨higgins y al otro al general San Martín.
(Trascripción acta igual fecha)
5 de marzo de 1947
El tesorero señor Barros, dio cuenta que el R.P. pedro Subercaseaux tenía ya hecho el bosquejo del gran cuadro de la batalla de Maipú que se colocará en la galería central del Museo. A un lado de ese cuadro irá lo relativo al voto hecho en la Catedral de santiago antes de la batalla y al otro lado la entrega del bastón de mando que realizó el general San martín a la Virgen del carmen, después de la batalla.
(Trascripción acta igual fecha)
Cronología:Primera parte
16 de julio 1942.
Se decreta dar cumplimiento al Voto Nacional O´higgins con la construcción del actual Templo del Carmen de Maipú. En la comisión de arquitectura, como vocal, participa el R.P. Pedro Subercaseaux OSB.
Entre las especificaciones técnicas del edificio se contempla una Sala Museo Histórico.
“Con entrada independiente, se consultará una amplia sala destinada a exhibición permanente de reliquias y documentos relacionados con el Voto de Ohiggins, la vida de los héroes y la batalla realizada en esos campos”
16 de julio de 1943.
Acta de Fundación Pro Voto Nacional O¨higgins – Templo del carmen – Maipú.
10 de octubre de 1945
Se autorizó al Exmo. Señor Obispo, Monseñor Eugenin, para que pidiera al artista R.P. Pedro Subercaseaux, la confección del cuadro principal que presidirá el Museo, y que será la imagen de la Virgen del Carmen teniendo a un lado al general O¨higgins y al otro al general San Martín.
(Trascripción acta igual fecha)
5 de marzo de 1947
El tesorero señor Barros, dio cuenta que el R.P. pedro Subercaseaux tenía ya hecho el bosquejo del gran cuadro de la batalla de Maipú que se colocará en la galería central del Museo. A un lado de ese cuadro irá lo relativo al voto hecho en la Catedral de santiago antes de la batalla y al otro lado la entrega del bastón de mando que realizó el general San martín a la Virgen del carmen, después de la batalla.
(Trascripción acta igual fecha)
Restauración de la Imagen de la virgen del Carmen


Durante este fin de semana que ha sido consagrado a festejar dentro de nuestra comuna
el primer día de festivo de la Virgen del Carmen, el Museo vuelve a montar la imagen de nuestra señora,figura de candelero con mascara de plomo, ojos de cristal y una hermosa figura, la que es acompañada de una talla completa del niño Dios

.
Esta imagen fue restaurada por Alejandra Bendekovic quien realizó en ella limpieza química de suciedad superficial adherida con citrato de diamonio, desinfección de soporte afectado por insectos xilófagos,consolidación de soporte afectado, (principalmente brazos),relleno de agujeros de insectos con resina madera,fijación de máscara de plomo y relleno de agujero bajo la máscara en zona de la oreja derecha, eliminación de excesos de adhesivo en dedos de ambas manos,desprendimiento de piezas mal adheridas (8 dedos),resane de grietas y faltantes en cara y manos,reintegración cromática de faltantes,aplicación de barniz protector sobre policromía y limpieza y peinado de la peluca.
La imagen también fue restaurada en sus atuendos, los que fueron limpiados, reforzados y reintegrados, este trabajo fue realizado por Salomea Balhunk,quien vistió en su día a nuestra Señora.
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Museo del Carmen de Maipú
Museo del Carmen habilita Pantalla Interactiva

miércoles, 04 de abril de 2007
En el marco de las conmemoraciones de los 189 años de la Batalla de Maipú, el Museo de Carmen de Maipú, habilitó una Pantalla Interactiva sobre esta gesta nacional, que a contar de este 4 de abril está a disposición de sus visitantes.
Definida como una herramienta pedagógica, esta Pantalla Interactiva es una pieza audiovisual que en 20 minutos, entrega una completa visión sobre el contexto y los protagonistas de la Batalla del 5 de abril de 1818.
Germán Domínguez, director del recinto, explicó que esta pantalla es uno de los tres audiovisuales que complementan la visita del público al Museo del Carmen, y que en su parte final, contempla un acabado análisis del mural de Fray Pedro Subercaseux
Pintado en 1954, esta obra presenta una extensión de 3,5 metros de alto por 20 de largo, y es considerada como una de las más logradas y completas representaciones de la Batalla de Maipú.
.“Somos un mueso abierto a la comunidad que recibe a muchos estudiantes. Es un museo que pose elementos de la historia civil, religiosa, diplomática, y de la historia costumbrista de Chile; y por consiguiente nos parece muy importante entregarle la posibilidad a los estudiantes de convivir con la historia, de forma más activa, moderna y actual, con los elementos tecnológicos disponibles, para hacer más valorable su visita al museo.”
Esta pantalla interactiva fue financiada con aportes FONDART, y es obra de los profesores e historiadores de arte Javier Guíñez y Carla Miranda, quien además se desempeña como museógrafa del Museo del Carmen.
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Museo del Carmen de Maipú
El Banquete
Durante el siglo XIX y principios del XX los banquetes fueron acontecimientos no sólo sociales, sino también de vida política. Los políticos y hombres de negocios muchas veces preferían discutir sus asuntos en estas instancias, entre deliciosas preparaciones gastronómicas, licores y cigarrillos, que en las frías salas del Congreso Nacional.
La mayoría de los banquetes se realizaba en honor a diplomáticos, chilenos o extranjeros, políticos de trayectoria, miembros del Gobierno o de las Fuerzas Armadas, o bien, a artistas. El banquete giraba en torno a la comida, que se servía en medio de un ceremonial muy estricto. La moda que predominaba en Chile en esa época era la francesa, la cual establecía el servicio de cinco o seis platos, además de variados postres y licores. El protocolo indicaba que el anfitrión debía sentarse en el lugar de máxima importancia, a su derecha se sentaba el homenajeado, y a continuación, los restantes invitados en orden de importancia. El ofrecimiento del banquete, en el que se destacaban los meritos del homenajeado, constituía un elemento muy importante, así como la respuesta que debía dar el festejado, discursos que muchas veces causaban grandes efectos políticos o diplomáticos.
Frente a cada puesto se encontraba el Menú del banquete, escrito en francés, que informaba a los comensales cuáles serían los manjares que se les ofrecerían en esa ocasión. Cada Menú era una pequeña obra de arte, que llevaba inscrito el nombre o los símbolos patrios de los homenajeados en la fiesta. El Menú es el único recuerdo que los banquetes han dejado a las futuras generaciones. Gracias a ellos, podemos conocer cómo eran las costumbres y las formas sociales de aquellas personas que dirigían los destinos del país. Podemos saber cuáles eran los gustos de la época, pero también a quiénes homenajeaban y por qué razón. Los banquetes eran una interrupción del espacio cotidiano, pues los invitados debían vestirse especialmente para la ocasión y observar las normas sociales. Pero, por sobre todo, fueron instancias en donde se mezclaba lo público con lo privado: las disputas políticas con las buenas maneras, las alianzas parlamentarias con los compromisos familiares y los futuros noviazgos, la ausencia total de la mujer en el Congreso con su indispensable y reluciente presencia en los salones.
Texto e investigación: Javiera Errázuriz Tagle
La mayoría de los banquetes se realizaba en honor a diplomáticos, chilenos o extranjeros, políticos de trayectoria, miembros del Gobierno o de las Fuerzas Armadas, o bien, a artistas. El banquete giraba en torno a la comida, que se servía en medio de un ceremonial muy estricto. La moda que predominaba en Chile en esa época era la francesa, la cual establecía el servicio de cinco o seis platos, además de variados postres y licores. El protocolo indicaba que el anfitrión debía sentarse en el lugar de máxima importancia, a su derecha se sentaba el homenajeado, y a continuación, los restantes invitados en orden de importancia. El ofrecimiento del banquete, en el que se destacaban los meritos del homenajeado, constituía un elemento muy importante, así como la respuesta que debía dar el festejado, discursos que muchas veces causaban grandes efectos políticos o diplomáticos.
Frente a cada puesto se encontraba el Menú del banquete, escrito en francés, que informaba a los comensales cuáles serían los manjares que se les ofrecerían en esa ocasión. Cada Menú era una pequeña obra de arte, que llevaba inscrito el nombre o los símbolos patrios de los homenajeados en la fiesta. El Menú es el único recuerdo que los banquetes han dejado a las futuras generaciones. Gracias a ellos, podemos conocer cómo eran las costumbres y las formas sociales de aquellas personas que dirigían los destinos del país. Podemos saber cuáles eran los gustos de la época, pero también a quiénes homenajeaban y por qué razón. Los banquetes eran una interrupción del espacio cotidiano, pues los invitados debían vestirse especialmente para la ocasión y observar las normas sociales. Pero, por sobre todo, fueron instancias en donde se mezclaba lo público con lo privado: las disputas políticas con las buenas maneras, las alianzas parlamentarias con los compromisos familiares y los futuros noviazgos, la ausencia total de la mujer en el Congreso con su indispensable y reluciente presencia en los salones.
Texto e investigación: Javiera Errázuriz Tagle
Cartas de un héroe 1881-1882 Arturo Pérez Canto Batalla de La Concepción
La Guerra del Pacífico ha quedado en la memoria de los chilenos como una gran gesta nacional. Nuestro Ejército venció a la alianza peruano – boliviana y en las batallas se forjaron héroes como Arturo Prat, Manuel Baquedano y muchos otros. Sin embargo, miles de anónimos soldados chilenos tuvieron que sortear las penurias y dificultades propias de una guerra.
Hacia 1879 la situación económica en Chile no era la mejor, por ende los integrantes del ejército y sus pertrechos habían sido constantemente reducidos producto de la disminución del presupuesto de Defensa. Mientras Perú y Bolivia movilizaban conjuntamente caso 120 mil reservistas, Chile apenas alcanzaba los 50 mil. [1] En vista de la escasez de soldados, el Gobierno Chileno dispuso el enrolamiento militar de jóvenes no menores a 16 años. El estallido de guerra causó un fervor enorme entre los chilenos, especialmente entre los jóvenes, que en masa se alistaron en el Ejército.
Los soldados y sus oficiales se dirigían al Norte, deficientemente apertrechados para la dureza del clima del desierto y la dificultad de sus actividades en territorio ocupado. En diversos puntos se organizaban campamentos, que iniciaban sus rutinas a las cinco de la mañana con el toque de diana. Luego se realizaban ejercicios militares que duraban de 6 de la madrugada a 10:30, hora en que se les daba de comer. Los ejercicios continuaban entre las 14 y las 17:30 horas y a las 20 horas los soldados comían y se iban a dormir.[2] Luego de acantonarse en el Norte, grupos de soldados fueron enviados a Lima. Entre ellos estaba el subteniente Arturo Pérez Canto, quien, en 1880, se había trasladado desde Valparaíso a Arica y desde allí a Tacna, siguiendo al regimiento Chacabuco. Cuando Pérez Canto se unió al Ejército apenas tenía 16 años de edad. [3]
[1] Carlos Donoso y Ricardo Couyoumdjian, De soldado orgulloso a veterano indigente. La Guerra del Pacífico. En Historia de la vida privada en Chile, tomo 2, Cristián Gazmuri y Rafael Sagredo (editores), Ediorial Taurus, Santiago, 2006, p. 237.
[2] Ibid, p. 246
[3] www.igm.cl
Hacia 1879 la situación económica en Chile no era la mejor, por ende los integrantes del ejército y sus pertrechos habían sido constantemente reducidos producto de la disminución del presupuesto de Defensa. Mientras Perú y Bolivia movilizaban conjuntamente caso 120 mil reservistas, Chile apenas alcanzaba los 50 mil. [1] En vista de la escasez de soldados, el Gobierno Chileno dispuso el enrolamiento militar de jóvenes no menores a 16 años. El estallido de guerra causó un fervor enorme entre los chilenos, especialmente entre los jóvenes, que en masa se alistaron en el Ejército.
Los soldados y sus oficiales se dirigían al Norte, deficientemente apertrechados para la dureza del clima del desierto y la dificultad de sus actividades en territorio ocupado. En diversos puntos se organizaban campamentos, que iniciaban sus rutinas a las cinco de la mañana con el toque de diana. Luego se realizaban ejercicios militares que duraban de 6 de la madrugada a 10:30, hora en que se les daba de comer. Los ejercicios continuaban entre las 14 y las 17:30 horas y a las 20 horas los soldados comían y se iban a dormir.[2] Luego de acantonarse en el Norte, grupos de soldados fueron enviados a Lima. Entre ellos estaba el subteniente Arturo Pérez Canto, quien, en 1880, se había trasladado desde Valparaíso a Arica y desde allí a Tacna, siguiendo al regimiento Chacabuco. Cuando Pérez Canto se unió al Ejército apenas tenía 16 años de edad. [3]
[1] Carlos Donoso y Ricardo Couyoumdjian, De soldado orgulloso a veterano indigente. La Guerra del Pacífico. En Historia de la vida privada en Chile, tomo 2, Cristián Gazmuri y Rafael Sagredo (editores), Ediorial Taurus, Santiago, 2006, p. 237.
[2] Ibid, p. 246
[3] www.igm.cl
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