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EXPOSCIÓN BICENTENARIO: DOCUMENTOS CON HISTORIA


El próximo miércoles 1 de Septiembre, a las 12 hrs., se inaugurará la Exposición
“BICENTENARIO:DOCUMENTOS CON HISTORIA”, organizada por el Museo del Carmen de Maipú. El Museo, poseedor de numerosas y valiosas colecciones de arte, platería, mobiliario, imaginería europea y colonial, mantiene una de las colecciones de documentos históricos más importantes del país, en especial relacionada con el proceso emancipador y la independencia nacional. La exposición exhibira documentos y objetos que muestran desde los últimos años de la colonia, bajo el gobierno de la Corona Española, los momentos previos a la Junta de Gobierno del 18 de Septiembre de 1810, mostrándose el acta original de la Junta, cartas y documentos de los padres de la Patria que se refieren a los episodios de la independencia. Documentos que firman, entre otros, OHiggins, Carrera, Rodríguez, San Martín. La Batalla de Maipú, que consolidó la Independencia y la organización de la Expedición Libertadora del Perú, como paso final para asegurar la soberanía chilena
Esta Exposición incorporará, asimismo, diversos elementos audiovisuales que hacen más atractivo el recorrido de la muestra, cuyo guión entrega informaciones y antecedentes especialmente concebidos para que esta muestra sea recorrida por los estudiantes y todos aquellos que deseen informarse de las causas y antecedentes sobre el Bicentenario .
La Exposición permanecerá abierta desde septiembre hasta abril del próximo año.
Se puede visitar de martes a domingo, de 10 a 14 hrs. y de 15 18 HRS.

El Banquete

Durante el siglo XIX y principios del XX los banquetes fueron acontecimientos no sólo sociales, sino también de vida política. Los políticos y hombres de negocios muchas veces preferían discutir sus asuntos en estas instancias, entre deliciosas preparaciones gastronómicas, licores y cigarrillos, que en las frías salas del Congreso Nacional.
La mayoría de los banquetes se realizaba en honor a diplomáticos, chilenos o extranjeros, políticos de trayectoria, miembros del Gobierno o de las Fuerzas Armadas, o bien, a artistas. El banquete giraba en torno a la comida, que se servía en medio de un ceremonial muy estricto. La moda que predominaba en Chile en esa época era la francesa, la cual establecía el servicio de cinco o seis platos, además de variados postres y licores. El protocolo indicaba que el anfitrión debía sentarse en el lugar de máxima importancia, a su derecha se sentaba el homenajeado, y a continuación, los restantes invitados en orden de importancia. El ofrecimiento del banquete, en el que se destacaban los meritos del homenajeado, constituía un elemento muy importante, así como la respuesta que debía dar el festejado, discursos que muchas veces causaban grandes efectos políticos o diplomáticos.
Frente a cada puesto se encontraba el Menú del banquete, escrito en francés, que informaba a los comensales cuáles serían los manjares que se les ofrecerían en esa ocasión. Cada Menú era una pequeña obra de arte, que llevaba inscrito el nombre o los símbolos patrios de los homenajeados en la fiesta. El Menú es el único recuerdo que los banquetes han dejado a las futuras generaciones. Gracias a ellos, podemos conocer cómo eran las costumbres y las formas sociales de aquellas personas que dirigían los destinos del país. Podemos saber cuáles eran los gustos de la época, pero también a quiénes homenajeaban y por qué razón. Los banquetes eran una interrupción del espacio cotidiano, pues los invitados debían vestirse especialmente para la ocasión y observar las normas sociales. Pero, por sobre todo, fueron instancias en donde se mezclaba lo público con lo privado: las disputas políticas con las buenas maneras, las alianzas parlamentarias con los compromisos familiares y los futuros noviazgos, la ausencia total de la mujer en el Congreso con su indispensable y reluciente presencia en los salones.
Texto e investigación: Javiera Errázuriz Tagle

Cartas de un héroe 1881-1882 Arturo Pérez Canto Batalla de La Concepción

La Guerra del Pacífico ha quedado en la memoria de los chilenos como una gran gesta nacional. Nuestro Ejército venció a la alianza peruano – boliviana y en las batallas se forjaron héroes como Arturo Prat, Manuel Baquedano y muchos otros. Sin embargo, miles de anónimos soldados chilenos tuvieron que sortear las penurias y dificultades propias de una guerra.
Hacia 1879 la situación económica en Chile no era la mejor, por ende los integrantes del ejército y sus pertrechos habían sido constantemente reducidos producto de la disminución del presupuesto de Defensa. Mientras Perú y Bolivia movilizaban conjuntamente caso 120 mil reservistas, Chile apenas alcanzaba los 50 mil. [1] En vista de la escasez de soldados, el Gobierno Chileno dispuso el enrolamiento militar de jóvenes no menores a 16 años. El estallido de guerra causó un fervor enorme entre los chilenos, especialmente entre los jóvenes, que en masa se alistaron en el Ejército.
Los soldados y sus oficiales se dirigían al Norte, deficientemente apertrechados para la dureza del clima del desierto y la dificultad de sus actividades en territorio ocupado. En diversos puntos se organizaban campamentos, que iniciaban sus rutinas a las cinco de la mañana con el toque de diana. Luego se realizaban ejercicios militares que duraban de 6 de la madrugada a 10:30, hora en que se les daba de comer. Los ejercicios continuaban entre las 14 y las 17:30 horas y a las 20 horas los soldados comían y se iban a dormir.[2] Luego de acantonarse en el Norte, grupos de soldados fueron enviados a Lima. Entre ellos estaba el subteniente Arturo Pérez Canto, quien, en 1880, se había trasladado desde Valparaíso a Arica y desde allí a Tacna, siguiendo al regimiento Chacabuco. Cuando Pérez Canto se unió al Ejército apenas tenía 16 años de edad. [3]
[1] Carlos Donoso y Ricardo Couyoumdjian, De soldado orgulloso a veterano indigente. La Guerra del Pacífico. En Historia de la vida privada en Chile, tomo 2, Cristián Gazmuri y Rafael Sagredo (editores), Ediorial Taurus, Santiago, 2006, p. 237.
[2] Ibid, p. 246
[3] www.igm.cl